por Tavo de Armas
Partamos de una premisa: la inmensa mayoría de la opinión pública tiene una visión populachera, contaminada y, por ende, ridícula, del fenómeno OVNI. Casi pareciera que nadie con dos dedos de frente y el método y rigor adecuados se ha acercado jamás al asunto de los objetos volantes no identificados. Sin embargo, todo ello se debe al existente y generalizado desconocimiento por parte del ciudadano de a pie sobre un asunto, el del origen de esos objetos, que tiene profundas, serias y trascendentales implicaciones sociales, religiosas, culturales y políticas. Consecuentemente, los medios de comunicación masivos -aquellos que emiten versiones oficiales y publireportajes, callan lo que se cuece en las cloacas del poder, y arriesgan poco- prefieren no tocar; excepto cuando se trata de equiparar el seguimiento del fenómeno (en sus evidencias) a la creencia en que Elvis sigue vivo, o alguna otra estupidez que logra hacer sentir ridículo a quien pudiera prestar atención a los hechos más que a los prejuicios.

