lunes, 13 de julio de 2015

NIVEL HUMANO: La Puta Nacionalcatolica

Palabras pronunciadas por el Cardenal Primado de España, Monseñor Pla y Deniel (el mismo que había cedido el palacio episcopal de Salamanca al Caudillo, para que instalase allí su cuartel general) en 1936, dos meses después del comienzo de la Guerra Civil, y con las que la Iglesia Católica se posiciona del lado de Franco: ‘La guerra es contra los hijos de Caín’. Ciertamente, muy aclaratorio.

Sus manifestaciones serían respaldadas al año siguiente por la máxima jerarquía de la iglesia en estos términos (Episcopado Español en misiva a todos los obispos, 6 de julio de 1937): ‘Y, a medida que se descomponía nuestro pueblo (...) Rusia, empalmando con los comunistas de acá, por medio del teatro y el cine, por medio de costumbres exóticas, por la fascinación intelectual y el soborno material, preparaba el espíritu popular para el estallido de la revolución (...) Por esto se produjo en el alma tradicional una reacción de tipo religioso, correspondiente a la acción nihilista y destructora de los sin-Dios.’
El escritor Ricardo de la Cierva, en su biografía sobre el General Franco, dice lo siguiente al respecto (“Francisco Franco, un siglo de España”, Editorial Nacional, 1973): ‘Monseñor Enrique Pla y Deniel, fue el primero que lanzó oficialmente, la invocación de ‘cruzada’, referida a la lucha capitaneada por Franco. Su tajante opinión sobre la Guerra Civil española logró rápidamente el asentimiento de los obispos españoles y de los de todo el mundo. Sin embargo, marchaba sobre un seguro precedente: La bendición, apenas velada por el protocolo vaticano que el 14 de septiembre de 1936 había trazado Pío XI desde Castelgandolfo, sobre la causa de los rebeldes españoles, a instancias –como se ha sabido después- de su entonces Cardenal Secretario de Estado, Monseñor Pacelli, luego Pío XII’.
La actitud de la iglesia española en la Guerra Civil no es de extrañar teniendo en cuenta que el pontífice vaticano era Pío XI, hombre de limitada visión que en 1928 desaprueba la celebración de competiciones deportivas femeninas en Roma; en 1931 se reafirma como suprema autoridad sobre cualquier injerencia externa, especialmente a todo lo que tenga que ver con los sacramentos, como el matrimonio; en 1932 recibe con gran pompa en su palacio vaticano al fascista Benito Musolini; en 1937 condena el comunismo ateo, y es el primer jefe de estado que reconoce (4 de mayo de 1938) al gobierno de Francisco Franco como el único legítimo de España. Bonito curriculum.
Ésta es la élite, la aristocracia del espíritu en su acción dominadora de la mente humana a través de la religión; siempre del lado de los vencedores, siempre suprema autoridad del ganado humano, censores de todo lo que escapa de su autoritario control. Tan milenaria institución debiera haber aprendido que signos de sabiduría y enseñanza esencial, son censurar poco y predicar siempre con el ejemplo.

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