Hemos visto la semejanza que una trilogía cinematográfica, El Señor de los Anillos, tuvo durante tres años con los
acontecimientos que marcaron el mundo: Si la primera entrega nos llegó en 2001,
meses después de los sucesos terroristas de Nueva York y la invasión de
Afganistán, la segunda parte se estrenó en 2002, el año en que EEUU puso nombre
a los países del eje del mal, el
Congreso dio plenos poderes a Bush para sus guerras preventivas, y se creó el
clima necesario para el siguiente paso en la agenda: invadir Irak en 2003, el
año que concluyó la saga de Peter Jackson.
La
secuencia inicial del Fin de los Tiempos arranca simbólicamente en el año 2001,
concretamente el 23 de marzo, día en que se produce la destrucción controlada
de la estación espacial rusa Mir. Ese
hecho tiene un lenguaje oculto que se repetirá dos años después con la
destrucción inesperada del trasbordador espacial americano Columbia. Los dos acontecimientos están hablando del futuro y
juntos son el grito precursor de lo que vendría después: Dos años después de la
destrucción de la Mir (que en ruso significa ‘Paz’, y también
‘Tierra’), casi coincidiendo con la tragedia del Columbia, se produce la decisiva invasión de Irak: Es el día 20 de
marzo de 2003 y las Bestias se han puesto en movimiento.


