martes, 16 de febrero de 2016

CONCIENCIA: Magdalena, la discípula más amada (y II)


La tradición era suficientemente conocida como para anular la presencia de María en dos de las más destacadas secuencias de los evangelios: la Crucifixión y la Resurrección. Su presencia en ambos momentos era posiblemente conocida por todos los cristianos primeros. ¿Cómo hacer que ambos discípulos aparezcan en el mismo espacio al mismo tiempo? Es difícil, ya que el redactor del evangelio se veía en la obligación de hacer que el fundador de su comunidad fuese un testigo ocular de esos importantes acontecimientos y, al mismo tiempo, no podía eliminar la figura de Magdalena.
Así que optó por una salida rápida y diplomática: en las escenas en las que simultáneamente aparecen María y el discípulo amado el texto debe dar a entender que ambos son individuos distintos. Tarea muy difícil… Esto me recuerda a la censura sobre el cine y su afán por evitar que ciertos guiones dijesen lo que en verdad decían, haciendo verdaderos saltos mortales que desvirtuaban la película. Consecuentemente, en las dos escenas en las que aparecen juntos ambos personajes (en la Resurrección y en la Crucifixión) hallamos una débil estructura que evidencia lo que Jusino expone. Veamos: 

 ‘Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre, y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, él dijo a su madre:’Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego le dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Desde entonces, ese discípulo la recibió en su casa.’ 

Esta escena sólo aparece con tal precisión en el Cuarto Evangelio(1); en los demás el discípulo amado no está junto a la cruz. Los otros tres evangelios -Mateo, Lucas y Marcos-, los denominados evangelios sinópticos (llamados así por considerarse procedentes de una única fuente), tienen en común que las únicas personas que presenciaron esa muerte fueron las mujeres antes nombradas, la Magdalena entre ellas, pero nunca Juan. En Lucas se dice que ‘sus conocidos y las mujeres que le seguían’ presenciaron su muerte. En Mateo sólo están las mujeres, al igual que en Marcos. En el Cuarto Evangelio están las mujeres y el discípulo amado. Imaginemos cuatro documentales de diferentes autores y una misma temática, en los que un personaje central aparece en las imágenes de los cuatro, siempre acompañado por las mismas personas, pero en el cuarto de los reportajes un nuevo acompañante ha sido digital y artificiosamente añadido. De hecho, no sólo física sino espiritualmente, es más comprensible que cambiemos el género del discípulo a quien Jesús encomienda su madre, pues si tal como los otros textos afirman, María Magdalena era su pareja, esa despedida de ‘Mujer ahí tienes a tu hija; discípula, ahí tienes a tu madre’, reflejaría no solo la petición de amparo más coherente, sino el puesto que en la concepción real de Jesús ella tenía. Dicho de otro modo: esa encomienda haría alusión al comienzo (o continuidad) de la misión física y espiritual de la Magdalena, una vez la de Jesús está a poco de concluir. Tengamos en cuenta que Jesús (el del relato bíblico) representó varios roles, entre los cuales está el ser el Adán negativo (Hijo del hombre) que entrega su cuerpo-imagen-materia negativa en el martirio en la cruz, que al fin y al cabo es un árbol que representa a aquel del que no se debió comer. Viéndolo de este modo, tras su acción redentora, lo más coherente es que también Eva se vea representada, en este caso en su pareja original, Magdalena. En el Evangelio de san Lucas es sólo Pedro quien va a ver la tumba después de María; en Mateo y Marcos no se hace siquiera mención a que alguien fuese después de la Magdalena. La siguiente escena sobre la Resurrección la encontramos solamente en el Evangelio de Juan(2):  
‘El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. Entonces se fue corriendo a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo: ‘¡Se han llevado del sepulcro al señor, y no sabemos dónde lo han puesto!’ Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se agachó a mirar y vio allí las vendas, pero no entró. Detrás de él llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas y además vio que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado y creyó, pues todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar. Luego, aquellos discípulos regresaron a su casa. María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando.’ 

Si imaginamos la escena como si fuese una película diríamos que el director está loco de remate. La película podría llamarse La mujer que nunca estuvo allí... ¡¿Qué fue de María Magdalena?! ¿Está o no está en el sepulcro? ¡Claro que sí! De hecho, es la única que visita la tumba junto a Pedro. Evidentemente, el redactor hace malabarismos con los personajes hasta tal punto que no sabe ni dónde ha de colocarlos. Como se entenderá, la trascendencia de estas conclusiones es bien grande, pues pasajes que antes se veían desde la perspectiva Jesús~Juan, ahora se tornan en Jesús~María, con todo lo trascendente que ello conlleva, dejándonos comprender la verdadera y preciosa significancia de la expresión discípulo más amado. En conclusión, diré que todo esto nos conduce a evidencias convincentes que afirman que María Magdalena, fue convertida en un discípulo masculino anónimo durante todo el Cuarto Evangelio, excepto en los momentos en que no se podía evitar la mención de su presencia
Apuntan Jusino y Brown un aspecto curioso que sirve de apoyo a esta tesis, y es la rivalidad existente en el Cuarto Evangelio entre Pedro y el discípulo amado. Estos son algunos ejemplos: 

 1~Como ya vimos, durante la Ultima Cena el discípulo amado está apoyado en el pecho de Jesús, y Pedro le pide que interceda ante el Maestro para saber por la identidad del traidor(3)
 2~Tras la prisión de Jesús este discípulo anónimo tiene acceso al palacio del sumo sacerdote. Pedro no lo tiene(4)
 3~El discípulo amado es el primero en creer en la resurrección. Pedro –desconfiado del testimonio femenino- sale a comprobar por el mismo lo que la Magdalena aseguraba, ‘pues a los apóstoles tales relatos les parecieron desatinos y no los creyeron’(5)
 4~El discípulo amado es el único en reconocer a Jesús resucitado mientras éste le habla desde la orilla a los discípulos que están pescando. Es el discípulo amado el que le dice a Pedro ‘¡es el Señor!’, a lo que éste responde tirándose al mar(6)
 5~Pedro lo cela preguntando a Jesús acerca del destino del discípulo amado(7)

El recelo de Pedro hacia Magdalena es equivalente al que siente el hombre –pétreo representante del machismo- hacia la mujer, bastión de la intuición y los misterios de la Vida; la separación de ambas naturalezas es el núcleo original de la caótica existencia de una humanidad cuyas energías (masculinas y femeninas), han sido enfrentadas. Pero además, observando el historial de la iglesia romana nacida de Pedro y Pablo, y aún a pesar de que a Magdalena se la denomine apostola apostolorum (apóstola de apóstoles), queda claro –a través de la marginalidad a la que se ha sometido al género femenino- que el reconocimiento a su figura es meramente simbólico, carente de la sustancia que equipare –en la práctica- la mujer al hombre, tanto en el seno de la iglesia como en la sociedad, así sea secular
Curiosamente en los manuscritos de Nag Hammadi existe una relación entre Pedro y María Magdalena cuya naturaleza es la misma que la que acabo de exponer. Véasen dos ejemplo: 

 * En el Evangelio de María Magdalena(8) Pedro se siente celoso de las revelaciones que ella ha recibido del Cristo, pero ocultas a los discípulos varones. 
 * En el Evangelio de Tomas(9) Pedro dice lo siguiente sobre ella: ‘Que María salga de entre nosotros, pues las hembras no son dignas de la Vida’. Casi nada... 

El paralelismo entre la rivalidad de Pedro y el discípulo amado y la existente entre el pescador y la Magdalena, consolida la hipótesis aquí expuesta sobre una sola personalidad y dos denominaciones. A mi parecer, el encubrimiento de la verdadera identidad de ese discípulo amado supone un empobrecimiento del legado de ese ser llamado Jesús. Sin embargo, creo que es comprensible la actuación de esas primeras comunidades cristianas, teniendo en cuenta las férreas condiciones sociales de hace dos mil años; no es tan comprensible que aun hoy, ni la discípula a la que Jesús más amó (ni las demás mujeres), hayan recuperado el espacio que les corresponde frente al varón. De lo cual deben pedirse responsabilidades a la Iglesia Católica, adoctrinadora –desde las escuelas- de los infantes de los esclavos. Ahora tenemos la madurez para ver la película completa. Vale, puede que no la versión definitiva, pero al menos se acerca más a la verdad que la que teníamos antes; ahora empiezan a salir a la luz las secuencias ‘censuradas’, las que deliberadamente cortaron para que no llegasen hasta nosotros. Ahora sí podemos tener una visión más completa de los personajes, pues hasta la chica tiene su lugar en la trama: Chico conoce a chica antes de ‘bajar’ a la Tierra y hacerse pasar por hijo de carpintero; chico dice las cuatro verdades y las diez revelaciones que no gustan a nadie; chico es asesinado por una panda de maquiavelistas que pierden el culo por dominar a sus congéneres; chica está a su lado y cuenta lo que sabía del chico; Ahora podemos hacer una buena crítica ante un celuloide más nítido, más real, más cercano. 

 ‘Jesús ve unos nenes que están mamando y dice a sus discípulos: Estos nenes que están mamando se asemejan a los que entran en la soberanía. Le preguntan: ¿Al convertirnos en nenes entraremos en la soberanía? Jesús les responde: Cuando hagáis los dos uno, y hagáis el interior como el exterior, y el exterior como el interior y lo de arriba como lo de abajo, y así establezcáis el varón con la hembra como una sola unidad, de tal modo que el hombre no sea masculino y la mujer no sea femenina, entonces entraréis en la soberanía.’ ~Evangelio de Tomas, logión 22, Nag Hammadi~ 

Este último fragmento refleja a la perfección que únicamente la re-unión de las dos energías (masculinas y femeninas), puede hacer realidad el retorno de la soberanía perdida, que no es otra cosa que la esencia original que como dioses (como portadores de la chispa cósmica) tenemos. Esencia dividida por la simbólica Caída. Así, ‘entraréis en la soberanía’ no es sino recuperar nuestra memoria, nuestra identidad primigenia. 
Las diferencias entre los otros tres evangelios canónicos y éste último de Juan, son definidas por el escritor Peter Calvocoressi(10) de la siguiente manera: 

‘El marco de referencia de Juan, sin embargo, es mucho más amplio y está expresado asimismo con un lenguaje de una sofisticación mayor. Del mismo modo que Pablo amplió el alcance del mensaje cristiano para extenderlo a los gentiles, Juan lo llevó aún más allá al enmarcarlo dentro del plan general de Dios: “En el principio existía la Palabra...”. La Palabra o el Logos (Entendimiento divino), es el plan de Dios que antecedió a la creación, y, por ello, el relato que hace Juan del ministerio y la Pasión de Jesús encuentra un lugar dentro de un plan diseñado por Dios desde antes de la creación y que sólo concluiría con el Fin de los Tiempos.’ 

¡Si encima va a resultar que la chica tenía mayores perspectivas que los otros tres autores evangélicos! 
El apóstol Pablo, aquel que (como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como) se nombró a sí mismo Apóstol de los Gentiles dice en oposición al Cristo, al que por cierto jamás conoció: ‘Quiero que sepáis que la cabeza de todo varón es Cristo, y la cabeza de la mujer, el varón.’ 
Añadiré que sólo alguien muy íntimamente ligado a la figura de Cristo (símbolo de la Conciencia) podría llegar a tener una visión elevada y real de su verdadera naturaleza. ¿Qué mejor que su propia compañera? De este modo se comprenden perfectamente los versos finales del Evangelio de Juan(11), en los que se narra la tensa conversación de Pedro con el Cristo resucitado a propósito del discípulo amado, que no es otro que María: 

‘Viéndole, pues, Pedro dijo a Jesús: Señor, ¿y éste qué? Jesús le dijo: Si yo quisiera que éste permaneciese hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme. Se divulgó entre los hermanos la voz de que aquel discípulo no moriría; mas no dijo Jesús que no moriría, sino: Si yo quisiera que éste permaneciese hasta que venga, ¿a ti qué?.’ 

Y permanece en el despertar femenino que está viviendo el mundo. Magdalena, como complemento de Cristo, encaja en la realidad redentora que se manifiesta en la antesala del anunciado final de la rebelión, la ‘consumación del mundo’, que diría el Maestro. Si para obtener la identidad original -al margen de religión alguna- es preciso ascender a la condición de Cristo-Ungido-Conciencia, para atravesar esa puerta es primero necesario reconocer, valorar y elevar, la condición femenina, tanto dentro de cada cual como fuera. Ésta, estimados lectores, ha sido la exposición de una censura de casi dos milenios llevada a cabo por el cristianismo. Una censura que cercena el papel crucial de la mujer. Una mutilación que ha sido muy conveniente para la obra universal del patriarcado religioso.

(1)Juan 19,25-27. 
(2)Capítulo 20, versículos 1-11. 
(3)Juan 13,23-25. 
(4)Juan 18,15-16. 
(5)Lucas 24,11-12. 
(6)Juan 21,7. 
(7)Juan 21,20. 
(8)Evangelio de María Magdalena, folio 17. 
(9)Evangelio de Tomás, logión 114. 
(10)Peter Calvocoressi, La Biblia: Diccionario de personajes, Alianza Editorial (2001) 
(11)Capítulo 21, versículos 21-23.

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