martes, 16 de febrero de 2016

CONCIENCIA: Magdalena, la discípula más amada (I)


Jesús, llamado el Cristo, equiparará la mujer a la altura del hombre. Tal es así que el primer testigo de su resurrección es Magdalena, a la que, por cierto, los discípulos del Cristo no creen. Amigos, ¿qué tal si hablamos de Magdalena?

La discípula más amada

El teólogo e investigador Ramón Jusino postula una hipótesis valiente y verosímil sobre la anulación de la figura femenina en la historia del cristianismo.
Jusino defiende que aquel que se define en el Evangelio según san Juan como el discípulo amado es, en realidad, un disfraz tras el que se oculta la personalidad de María Magdalena. Su tesis se construye sobre los pilares fundamentales de los textos de Nag Hammadi y el propio Cuarto Evangelio, el de Juan.
Los cuatro evangelios que nosotros conocemos se escribieron para cuatro primitivas comunidades cristianas distintas, pero no fueron los únicos textos que hablaban de la palabra de Jesucristo en las primeras congregaciones.

Por otro lado, las Escrituras de Nag Hammadi son un conjunto de papiros manuscritos en lengua copta (egipcio de los primeros siglos de cristiandad) hallados junto al río Nilo en Egipto en 1945, pertenecientes a una agrupación cristiana del génesis de la iglesia.
Las investigaciones de Jusino se construyen sobre las realizadas por el más reconocido especialista católico en textos bíblicos de los EEUU, Raymond E. Brown.
Según Jusino, en la emergente iglesia de hace casi dos mil años los líderes masculinos no vieron con buenos ojos, dada la posición de las mujeres en aquellas sociedades, que las discípulas femeninas tuviesen relevancia en los textos que conformaría la tradición de la iglesia, por lo que cualquier papel de éstas en el liderazgo de la comunidad e incluso en los episodios vividos junto a Jesús, debían ser eliminados. Así, realmente tras el discípulo amado del Evangelio de Juan se hallaría una discípula amada de manera especial por el Maestro, y no un varón.

Pero vayamos por partes. No pocos de los eruditos sobre textos bíblicos dan por hecho que el autor del Evangelio de Juan no fue Juan de Zebedeo, sino que fue escrito por otras manos. Lo indudables es que, por los detalles que se desprenden de la narración, conoció personalmente al Maestro. ¿Quién fue en realidad?
Jusino identifica varias fases en la confección de dicho evangelio: Una primera versión originada por el discípulo amado y otras posteriores que modificaron la autoría original de los manuscritos, suprimiendo el papel de la de Magdala (que significa ‘torre’) como autora y líder de esa comunidad primigenia.
Siguiendo esta tesis debemos saber que en el seno de esa comunidad que acababa de nacer se produjo un cisma, entre los que no estaban dispuestos a modificar el contenido del legado que habían heredado (secesionistas, como los denomina Brown), y los que se decidían por una iglesia más institucional (apostólicos), que tacharon a los secesionistas de herejes. Fue tras esta ruptura cuando se modificó esa primera versión, con lo cual, cada comunidad defendió el texto como propio, mientras que el que llegó hasta nosotros fue la obra que perteneció a la comunidad apostólica, los que se aliaron con la iglesia institucional emergente.
Se hace preciso recordar que en la Ley Judía el testimonio femenino no contaba para nada. Recordemos también que María Magdalena es el primer testigo de la resurrección de Jesús y, sin embargo, el misterio se cierne sobre ella. El desconcierto y la vergüenza de los líderes varones de esas primeras comunidades habría propiciado que su figura se disfrazase, así que el escritor del Cuarto Evangelio guardó la identidad del discípulo amado en secreto; papel representado por María -líder de su comunidad y compañera del Maestro-, que desaparece para asumir el rol de la común mujer judía, convirtiéndola en todo lo apocada, penitente y llorosa que habría de ser ejemplo para el orbe femenino. Así acaba convertida en icono de sumisión, de acatamiento a la orden masculina, minimizando el carácter que el propio Jesús le había reconocido.
Sin embargo, los secesionistas, siendo el grupo más numeroso de los dos, derivarán la identidad de su líder femenino hasta las comunidades de cristianos que habrían de escribir los textos que hoy conocemos como de Nag Hammadi. Préstese suma atención a dos destacados párrafos de dichos textos(1):

‘Había tres llamadas María (Mariam), quienes caminaban con el Amo todo el tiempo: Su madre, su hermana y la magdalena, que es llamada su pareja. Así su verdadera Madre, Hermana y Pareja, se llaman Mariam.’

‘La sabiduría que los humanos llaman estéril, es la Madre de los Ángeles. Y la pareja de Cristo es Miriam Magdalena. El Amo la amaba más que a todos los demás discípulos, y la besaba a menudo en la boca. Él abrazaba también a las otras hembras, mas le dijeron: ¿Por qué la amas más que a todas nosotras? Él les dijo: ¿Por qué no os amo a vosotras como a ella? Mientras un ciego y un vidente están en la oscuridad no se distinguen entre sí, pero cuando venga la claridad, entonces el vidente verá la luz, mas el ciego quedara en las tinieblas.’

Estos fragmentos confirman que en algunas comunidades de ese principio se conocía a María de Magdala como la discípula amada y compañera de Jesús. De hecho, en la segunda fracción, el Maestro aclara que el motivo de su amor hacia ella tiene un origen más allá de lo humano, dando a entender -por medio de una comparación muy simple- que ambos son lo mismo. Obviamente, la verdadera personalidad de la Magdalena queda oculta tras su rol de aparente discípula, quedando fuera cualquier homologación.
Veamos ahora dónde aparece en el Cuarto Evangelio el discípulo amado:

1) Lo vemos apoyado en el pecho de Jesús durante la Última Cena, siendo intermediario entre Pedro y el Maestro, cuando el pescador le pide que le pregunte por la identidad de su traidor.

2) Aparece junto a la cruz acompañando a la madre de Jesús, a María Magdalena y otras mujeres; allí el crucificado le pide que se haga cargo de su madre.

3) Lo veremos corriendo a ver la tumba después de que Magdalena diera el aviso de que ésta estaba vacía. Tras la Resurrección será el primero en fijarse que el hombre que habla a los discípulos que están pescando es Jesús, de lo cual advierte a Pedro.

Si hubiese sido Juan de Zebedeo -el hijo del trueno-, el autor de este evangelio, ¿cómo se entiende que se proclame a sí mismo como el discípulo amado? No creo que las veces que se hace referencia a dicho anónimo discípulo sea producto de la vanagloria y la jactancia del propio Juan. Y si no fue así, ¿cómo es que hay dos tradiciones bien asentadas que hablan del discípulo a quien Jesús quería mucho identificándose como dos personas distintas?
Jusino da tres explicaciones:

1~ No existe conexión alguna entre los dos personajes; se trata de una coincidencia que en el Cuarto Evangelio se hable del discípulo amado y que en los evangelios coptos a la Magdalena se la identifique no solo como la discípula que más amaba Jesús, sino que la llama claramente ‘su compañera’.

2~ La tesis de Brown: los evangelios de Nag Hammadi se inventaron una tradición basada en la figura de María Magdalena, en virtud a su papel de principal receptora de la resurrección.

3~ Tesis de Jusino: el Cuarto Evangelio se está refiriendo a María Magdalena; de igual modo que es de esa fuente (en la versión salvaguardada por los secesionistas) de donde parten los textos de Nag Hammadi que hacen referencia a ella. La diferencia estriba en que los cristianos apostólicos transformaron los textos para hacerlos más ‘políticamente correctos’ con la iglesia que se estaba formando. Siempre pensando en la cantidad de seguidores más que en la calidad. Fueron ellos los que borraron toda alusión a Magdalena para validarlo a los ojos de los líderes de una iglesia que no vería con buenos ojos un evangelio escrito por una mujer, ya que esos textos nunca tendrían validez dado que el ministerio femenino jamás sería considerado apostólico.

Con todo ello, a mi juicio, la tercera es la hipótesis que parece más real. No ver la relación entre los dos textos (Cuarto Evangelio y Nag Hammadi) es ridículo; el propio Brown señala que son abundantes las semejanzas entre las ideas de ambos textos.
Así tenemos que, como señala la tercera opción, el redactor definitivo del Cuarto Evangelio substituyó cualquier alusión a Magdalena por el discípulo amado, tratando de hacer un relato coherente que, sin embargo, se tornaría turbulento -tal como señala Jusino- cuando en una misma escena aparecen el discípulo amado y Magdalena.
(1)Evangelio de Felipe, Nag Hammadi, logiones 36 y 59.

No hay comentarios:

Publicar un comentario